
Lo confieso: no me gusta este mundo, ni un poquito. Como inmigrante venezolano en España he tenido que desarrollar una doble tarea como embajador, porque en todo momento he intentado resaltar lo mejor de mi país, he motivado a muchas personas para que emprendan la aventura de conocer Latinoamérica, un deseo que aquí se halla predeterminadamente muerto, quizá un guiño demasiado exótico para la mayoría. Pero yo, que me he proclamado embajador cultural de mi país, Venezuela, me encuentro con que resaltar lo bueno cuesta Dios y su ayuda. Con el camino cuesta arriba no es fácil contagiar el sentido de lo que hay, lo que hubo y lo que pudo haber habido. Cuando salí de Venezuela dejé un país ajeno a todo lo que había aprendido. Yo extraño a mi país, pero al que existe sólo en mi cabeza y en el recuerdo de la gran mayoría de los venezolanos. Los venezolanos nunca hemos sido de emigrar a otro lugar. Irse de aquel paraíso, ¿y para qué? Sin embargo, desde hace un tiempo nuestra presencia empieza a ganar espacio en otros lugares distintos al que se nos prometió. Chávez también gana terreno, aprovechándose de las patrañas que enseñan hoy en las escuelas de Periodismo, de Derecho y de Estudios Internacionales, aprovechando que tiene petróleo para dar a cambio del consentimiento político internacional. ¿Quiénes son nuestros líderes políticos hoy sino un verdadero gremio de peleles? ¿Cuántos indicadores económicos y sociales más son necesarios para despertar el sano juicio y devolver los criterios del mundo? Al parecer, nada basta para dejar claro que Hugo Chávez es un autócrata y un dictador, con todas las letras.
Como inmigrante en España la escena política no deja de sorprenderme. Por ejemplo, he tenido que soportar el diseño de leyes contradictorias e inhumanas, pensadas desde un escaso sentido de la conveniencia, sin dejo alguno de astucia o utilidad. España hoy, no sólo privatiza el bienestar limitando su alcance a los no nacionales o incluso en otros casos GENERANDO la marginalidad, sino que además consiente y permite que conceptos como INMIGRACIÓN y DELICUENCIA se manoseen de tal modo que parezcan la misma cosa. Diplomáticamente hablando, este gobierno ha perdido no una sino al menos 20 veces la oportunidad de ASUMIR un verdadero liderazgo en la escena política mundial. Este gobierno ha preferido ser cola de león que cabeza de ratón a la hora de dar su visto bueno o al rechazar determinados temas relevantes. Nunca me había indignado tanto ante una izquierda que no es ni izquierda, ni centro, ni arriba, ni abajo, ni nada, sino un garabatito ahí, arrojado en un rincón descomunalmente alejado del ser humano. Me atrevería a decir que no hay ni un solo político de izquierdas que haya leído a Marx tanto como yo. ¡Pobre gente! No es que no ganarán las próximas elecciones generales, cosa que en otro caso lamentaría, sino que van a perderlas, que no es lo mismo. Este gobierno no ha parado de debilitarse y de ejercer la impotencia política en todos y cada uno de los ámbitos de su vida interna; ha ejercido la ignorancia, la poca pericia y el más profundo desconocimiento del espíritu de las leyes, dejando claro que no cuenta con un proyecto ya no "de España" como le acusa la derecha, sino de "Ser Humano". La mezquina treta propagandista de la derecha ha calado a tal punto en España, a pesar de su pobreza, porque no ha habido una respuesta responsable y firme que la reduzca a la esquina contraria. ¡Francamente! Cuán débil resulta la izquierda española. [Y de la europea, ¡ni hablar!]
Ha muerto la vida política en Europa. Esa cosa rara no existe, aunque figure de sujeto en cada oración más o menos progre. Así como Nietzsche alertaba sobre la muerte de Dios, ahora es mi turno: ¡Última hora! No hay clase política en Europa, no hay ideas ni conceptos, sólo euros. Voilà que la derecha gane terreno.
Mientras tanto, Latinoamérica se quiebra; el territorio más prometedor del planeta da un paso en falso, rumbo al abismo, jineteada por la idiotez, carcomiendo su propio futuro. Chávez retira la concesión de la señal a un canal de televisión abiertamente crítico con su régimen, con el visto bueno de Europa, con el apoyo y el consentimiento del Tribunal Supremo de Justicia- o la Santa Inquisición Revolucionaria, para entendernos mejor-, además, asoma que los equipos e infraestructura de ese canal de TV deben ser reclamo del interés nacional, por lo que se le despoja también de la posibilidad de producir contenidos mediáticos a terceros, vía satélite o cable, da igual, y PARA COLMO Chávez amenaza a los demás medios de comunicación que difundan las manifestaciones a favor de la libertad de expresión con pasarlos por el mismo filtro (Globovisión y CNN), subrayando su talante dictatorial e intolerante, y ¿qué dice España al respecto? ¡Nada! Calladita la boca. La misma estrategia que le ha cedido espacio a la derecha española en las recientes elecciones municipales. ¿Pero quién demonios está asesorando a esta gente? ¿Un infiltrado de la derecha? Se vulnera la libertad de expresión y el estado de derecho a lo macho, con joropo y todo, en tu cara, y tú "so-cia-lis-ta" europeo súper dúper frufrú chic ahí, calladito a ver cuánto petróleo te cae ahora. ¡Qué asco!
Vamos a ver ahora quién va a defender los intereses de España cuando Chávez "nacionalice" también la banca privada [¿les suena BBVA o Santander?]. No veo el momento de que Chávez "nacionalice" también de una buena vez a Europa y al planeta Tierra. Sinceramente, Europa se merece un Chávez aquí y otro allá y otro acullá. [¡¡¡Seríamos todos compatriotas bolivararianos revolucionarios!!! "¡Sistema Solar o muerte!", gritaría nuestra rubia infancia en el cole]. Porque para Chávez "nacionalizar" es sinónimo de "destruir el trabajo ajeno" para su propio beneficio: eso de producir, crear, fundar, emprender o generar cosas de interés nacional no lo entiende, le es imposible entenderse como productor de bienestar nacional. Lo que nadie sabe es cuánto durará la concesión que se la ha dado a Chávez para gobernar el país. ¿Ahora quién lo "baja" de ahí?
Lo que más indignación me provoca es que el Partido Socialista Obrero Español [PSOE] le debe mucho a Latinoamérica y sobre todo a la socialdemocracia venezolana, de la cual formaré parte hasta que yo "desaparezca" nadie sabe cómo, ni cuándo, ni dónde. Entonces, como extranjero en España, mi ciudadanía permanecerá marginada a lo que decida el "talante" de turno y no podré votar en las elecciones para participar íntegramente en el país en el cual vivo -o al menos eso intento-, como tampoco podrán hacerlo otros cuatro millones [4.000.000] de votos, ¡perdón!, personas, quise decir personas (hoy, sólo el 10% de la población, casi nada), ¡vale! No me importa. Como integrante del gremio de extranjeros, inmigrantes y otras porquerías, mientras no pueda votar podré hablar. Me gusta pensar que cuando hablo mi voz pega dos veces.
[¿No renovarán esta concesión?]