viernes, junio 01, 2007

Mi prueba de la existencia de Dios

Como respuesta a los gobiernos y personas que se han pronunciado a favor de la medida que Chávez adoptó de revocar la concesión a un medio de comunicación dada la amenaza ideológica que le representa, consintiendo la censura de manera abierta, respaldando la violencia que significa coartar la libertad de expresión, sentando así un precedente abominable que difícilmente sus respectivos pueblos aceptarían para sí, debo expresarles lo siguiente:

Dios tiene el poder de castigarnos con una crueldad inimaginable, tiene el poder de aplastarnos, de arrancarnos la vida sin importar dónde nos refugiemos porque es imposible ocultarse de Él. Dios tiene el poder de hacernos esclavos de una gigante y horrible bestia, quizá escudada por lava ardiente, que masque niños y vírgenes para conciliar el sueño y que con sólo mirarte arranque tu alma y la incinere en la plaza como ejemplo y sirva de escarmiento a las demás. Dios, que nos ve pecar deportivamente, podría hacernos desaparecer sólo con pensarlo. Sin embargo, Dios no lo hace, ni mucho menos lo desea, al menos todavía no. Dios nos ha dado el libre albedrío, según el cual el hombre puede medir y controlar sus actos y no actuar como marionetas de su deseo. Es muy simple: Dios "cortó los hilos" y nos hizo libres, y aun teniendo el poder de devastar la tierra que inundamos de pecado, no lo hace. Sencillamente, aunque pueda, Dios no nos destruye no porque no quiera, sino que ni siquiera se lo plantea porque Dios es amor.

Que Chávez "pueda" revocar la concesión de la señal a un medio de comunicación, que esté legalmente habilitado para casi todo, no significa que "tenga" que hacerlo. Yo hubiera preferido que los países que apoyaron y consintieron esta decisión permanecieran callados porque hacen menos daño callando o, en este caso, rebuznando, que dando un espaldarazo diplomático tan vil. He ahí el oscuro y delicado secreto del libre albedrío, la prueba de que Dios existe y es amor, la prueba de que, en cambio, Chávez insiste, persevera movido por el odio, moviendo el odio, por los siglos de los siglos...

Caput!
¡Persígnate man!

jueves, mayo 31, 2007

Chavistas disparan a civiles




Otra prueba del nivel de alienación de un grupo de pistoleros chavistas que hacen lo posible por mantener intacto el "proceso revolucionario". [Sea lo que sea que eso signifique]. No es la primera vez, ni será la última. Pasa a diario en Venezuela mientras el mundo chupa su petróleo y la ignorancia internacional defiende su postura "contra el imperialismo yankee".

Difundir este tipo de imágenes puede costarle a un canal de televisión que no se le renueve la concesión de uso de la señal, que es un bien nacional. Dar "malas noticias" está prohibido porque perjudican la imágen del régimen. No está prohibido, sin embargo, disparar a civiles.

Adentro: Alienados y armados, no es buena señal...
Afuera: Primer mundo y con petróleo gratis, tampoco.

miércoles, mayo 30, 2007

No me podrán callar



Lo confieso: no me gusta este mundo, ni un poquito. Como inmigrante venezolano en España he tenido que desarrollar una doble tarea como embajador, porque en todo momento he intentado resaltar lo mejor de mi país, he motivado a muchas personas para que emprendan la aventura de conocer Latinoamérica, un deseo que aquí se halla predeterminadamente muerto, quizá un guiño demasiado exótico para la mayoría. Pero yo, que me he proclamado embajador cultural de mi país, Venezuela, me encuentro con que resaltar lo bueno cuesta Dios y su ayuda. Con el camino cuesta arriba no es fácil contagiar el sentido de lo que hay, lo que hubo y lo que pudo haber habido. Cuando salí de Venezuela dejé un país ajeno a todo lo que había aprendido. Yo extraño a mi país, pero al que existe sólo en mi cabeza y en el recuerdo de la gran mayoría de los venezolanos. Los venezolanos nunca hemos sido de emigrar a otro lugar. Irse de aquel paraíso, ¿y para qué? Sin embargo, desde hace un tiempo nuestra presencia empieza a ganar espacio en otros lugares distintos al que se nos prometió. Chávez también gana terreno, aprovechándose de las patrañas que enseñan hoy en las escuelas de Periodismo, de Derecho y de Estudios Internacionales, aprovechando que tiene petróleo para dar a cambio del consentimiento político internacional. ¿Quiénes son nuestros líderes políticos hoy sino un verdadero gremio de peleles? ¿Cuántos indicadores económicos y sociales más son necesarios para despertar el sano juicio y devolver los criterios del mundo? Al parecer, nada basta para dejar claro que Hugo Chávez es un autócrata y un dictador, con todas las letras.

Como inmigrante en España la escena política no deja de sorprenderme. Por ejemplo, he tenido que soportar el diseño de leyes contradictorias e inhumanas, pensadas desde un escaso sentido de la conveniencia, sin dejo alguno de astucia o utilidad. España hoy, no sólo privatiza el bienestar limitando su alcance a los no nacionales o incluso en otros casos GENERANDO la marginalidad, sino que además consiente y permite que conceptos como INMIGRACIÓN y DELICUENCIA se manoseen de tal modo que parezcan la misma cosa. Diplomáticamente hablando, este gobierno ha perdido no una sino al menos 20 veces la oportunidad de ASUMIR un verdadero liderazgo en la escena política mundial. Este gobierno ha preferido ser cola de león que cabeza de ratón a la hora de dar su visto bueno o al rechazar determinados temas relevantes. Nunca me había indignado tanto ante una izquierda que no es ni izquierda, ni centro, ni arriba, ni abajo, ni nada, sino un garabatito ahí, arrojado en un rincón descomunalmente
alejado del ser humano. Me atrevería a decir que no hay ni un solo político de izquierdas que haya leído a Marx tanto como yo. ¡Pobre gente! No es que no ganarán las próximas elecciones generales, cosa que en otro caso lamentaría, sino que van a perderlas, que no es lo mismo. Este gobierno no ha parado de debilitarse y de ejercer la impotencia política en todos y cada uno de los ámbitos de su vida interna; ha ejercido la ignorancia, la poca pericia y el más profundo desconocimiento del espíritu de las leyes, dejando claro que no cuenta con un proyecto ya no "de España" como le acusa la derecha, sino de "Ser Humano". La mezquina treta propagandista de la derecha ha calado a tal punto en España, a pesar de su pobreza, porque no ha habido una respuesta responsable y firme que la reduzca a la esquina contraria. ¡Francamente! Cuán débil resulta la izquierda española. [Y de la europea, ¡ni hablar!]

Ha muerto la vida política en Europa. Esa cosa rara no existe, aunque figure de sujeto en cada oración más o menos progre. Así como Nietzsche alertaba sobre la muerte de Dios, ahora es mi turno: ¡Última hora! No hay clase política en Europa, no hay ideas ni conceptos, sólo euros. Voilà que la derecha gane terreno.

Mientras tanto, Latinoamérica se quiebra; el territorio más prometedor del planeta da un paso en falso, rumbo al abismo, jineteada por la idiotez, carcomiendo su propio futuro. Chávez retira la concesión de la señal a un canal de televisión abiertamente crítico con su régimen, con el visto bueno de Europa, con el apoyo y el consentimiento del Tribunal Supremo de Justicia- o la Santa Inquisición Revolucionaria, para entendernos mejor-, además, asoma que los equipos e infraestructura de ese canal de TV deben ser reclamo del interés nacional, por lo que se le despoja también de la posibilidad de producir contenidos mediáticos a terceros, vía satélite o cable, da igual, y PARA COLMO Chávez amenaza a los demás medios de comunicación que difundan las manifestaciones a favor de la libertad de expresión con pasarlos por el mismo filtro
(Globovisión y CNN), subrayando su talante dictatorial e intolerante, y ¿qué dice España al respecto? ¡Nada! Calladita la boca. La misma estrategia que le ha cedido espacio a la derecha española en las recientes elecciones municipales. ¿Pero quién demonios está asesorando a esta gente? ¿Un infiltrado de la derecha? Se vulnera la libertad de expresión y el estado de derecho a lo macho, con joropo y todo, en tu cara, y tú "so-cia-lis-ta" europeo súper dúper frufrú chic ahí, calladito a ver cuánto petróleo te cae ahora. ¡Qué asco!

Vamos a ver ahora quién va a defender los intereses de España cuando Chávez "nacionalice" también la banca privada [¿les suena BBVA o Santander?]. No veo el momento de que Chávez "nacionalice" también de una buena vez a Europa y al planeta Tierra. Sinceramente, Europa se merece un Chávez aquí y otro allá y otro acullá. [¡¡¡Seríamos todos compatriotas bolivararianos revolucionarios!!! "¡Sistema Solar o muerte!", gritaría nuestra rubia infancia en el cole]. Porque para Chávez "nacionalizar" es sinónimo de "destruir el trabajo ajeno" para su propio beneficio: eso de producir, crear, fundar, emprender o generar cosas de interés nacional no lo entiende, le es imposible entenderse como productor de bienestar nacional. Lo que nadie sabe es cuánto durará la concesión que se la ha dado a Chávez para gobernar el país. ¿Ahora quién lo "baja" de ahí?

Lo que más indignación me provoca es que el Partido Socialista Obrero Español [PSOE] le debe mucho a Latinoamérica y sobre todo a la socialdemocracia venezolana, de la cual formaré parte hasta que yo "desaparezca" nadie sabe cómo, ni cuándo, ni dónde. Entonces, como extranjero en España, mi ciudadanía permanecerá marginada a lo que decida el "talante" de turno y no podré votar en las elecciones para participar íntegramente en el país en el cual vivo -o al menos eso intento-, como tampoco podrán hacerlo otros cuatro millones [4.000.000] de votos, ¡perdón!, personas, quise decir personas (hoy, sólo el 10% de la población, casi nada), ¡vale! No me importa. Como integrante del gremio de extranjeros, inmigrantes y otras porquerías, mientras no pueda votar podré hablar. Me gusta pensar que cuando hablo mi voz pega dos veces.

[¿No renovarán esta concesión?]

miércoles, febrero 14, 2007

Una extraña sensación de soledad



Título: Una extraña sensación de soledad
Autor: Sentimiento Muerto (Venezuela, 1987)

Si encuentran por ahí una lágrima abandonada, guárdenmela porfa, es mía.

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jueves, febrero 01, 2007

Yo cosmo, tú polita


Unos días atrás, volviendo de resolver ciertos trámites en la Oficina d'Atenció al Ciutadà de Sarrià-Sant Gervasi, que es el distrito de Barcelona en el que vivo, experimenté uno de esos momentos incómodos que sólo un extranjero en España podría vivir. Es uno de esos momentos en los que la palabra 'cosmopolita' representa una incógnita dentro de la ecuación 'Barcelona es una ciudad cosmopolita': cuando despejas la incógnita te quedas con que vives en una ciudad cualquiera, pero formada más bien por la suma de sus pueblos.


En la estación del ferrocata de Sarrià, esperaba a que llegara el tren que me traería de vuelta a Plaza Molina cuando de pronto un chico se dirige a mí desde el otro lado del andén. Se trata de un chico apuesto, seguramente barcelonés [por el acento al menos sé que no era ni de Mallorca, ni de Girona, ni de Vic], de unos 26 años, rubio y bien educado, lleva los gadgets que más consume la gente de esta ciudad, todo un partido para cualquier chica, me pide ayuda porque está algo perdido. Supongo que en ese momento ver a alguien más guapo que él le inspiró confianza. Me pregunta, como es lógico, en catalán, que qué debe hacer para llegar a la estación de Tres Torres, y yo, que vivo desde hace cuatro años acá, como es lógico también, no sólo le entiendo sino que además sé cómo ayudarlo. Así que le digo... - Bueno, dado que estás en el lado equivocado deberías cambiar de andén, venirte a éste que es por dónde pasará el próximo tren que te llevará una estación más abajo... Y Tres Torres queda una estación más abajo, ¿cierto?


No pude evitar notar que la expresión de su rostro cambió en cuanto terminé de pronunciar la primera palabra con este acento tan sabroso que me gasto al hablar. Supongo que para sus adentros se diría mentalmente algo como “Quina merda!, aquest tio no té ni ideia”, puesto que de inmediato su gesto me enviaba un mensaje muy claro: “Este extranjero no sabe de qué le estoy hablando”, por lo que decidió precipitadamente desconsiderar mi sabio consejo. Acto seguido, me dijo, esta vez en castellano: “Bueno, no hace falta, ya preguntaré”. Ante la obviedad yo no le dije nada más, aunque mi cara le envió un mensaje, como es lógico, en catalán esta vez: “Tu mateix”...


Luego interceptó a otro señor y le preguntó lo mismo. El señor le respondió, como es lógico, en catalán, que no estaba seguro, que era mejor que le preguntara a alguien más. Yo seguía mirando al chico sacado de revista de temporada de invierno, admirando su estilo al combinar guantes y bufanda con el cocodrilo, porque no podía sacudirme aún tanta indignación. Él sabía que mis ojos estaban clavados sobre él, evaluando su pinta Lacoste, por lo que evitaba verme de nuevo. Luego, llegó al fin una señora que muy amablemente le indicó al chico que para llegar a la estación de Les Tres Torres tenía que ir al otro andén, “donde está aquel chico” -señalando hacia mí-. Fue cuando el nen Lacoste volvió a verme, pero esta vez ya dentro del tren que no abordó por desconfiar en Barcelona de alguien distinto a él.


Sonó la señal de cierre de puertas y atrás se quedó, desubicado y resentido, un cosmopolita más.

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sábado, enero 20, 2007

Reverberaciones 2007


Fue durante mi niñez más tardía cuando comprendí que mis sentidos eran mucho más susceptibles que los de los demás y que podía captar con estupenda nitidez toda clase de estímulos que invadían mi “campo” desde el exterior. Con el tiempo, mi curiosidad hacia esta sensibilidad especial, ya no sé si un don o un talento, me impulsó a interesarme por aquello a lo que sólo unos pocos podían acceder por el agudo uso de sus sentidos. Fue así como me inicié en el seglar arte de la quiromancia y la adivinación; aprendí a interpretar los mensajes que enviaba la naturaleza, algunas veces con la ayuda de ciertas herramientas.

Tan confiado estaba de la capacidad de mis sentidos que una vez consulté a mi maestro sobre la necesidad de usar herramientas para interpretar los mensajes naturales; mi duda se basaba no sólo en la confianza que tenía en mis poderes y destrezas sino también en la sospecha de ver que tales herramientas no reflejaran fielmente la realidad de los mensajes, puesto que tal vez eran imperfectas e interrumpían el libre tránsito del mensaje. Como ejemplo ponía el agua, que a pesar de ser un gran conductor de sonidos, incluso mejor que el aire, interfería refractando las luces y las sombras, reverberando el ruido y el silencio. Mi maestro, un druida ermitaño que además de ser un anciano muy sabio también era un reconocido curandero y bailarín, insistía en que el uso de tales objetos, animales y otros implementos no era casual, ya que algunas veces el propio medio podía protegerte del mensaje atenuándolo, ciertamente también, debilitando su poder, haciendo las veces de fusible, porque como él mismo decía: “Cuando arrojamos el hilo al río no sabemos lo que vamos a pescar. Hay mensajes para los que no estamos preparados”. Y tenía razón. De él aprendí a manejar eficazmente los instrumentos más complejos con tal de lograr el mejor resultado posible. Fue así como aprendí a planchar. La borra del café, el tabaco, los caracoles, el estiércol de gato, la muda de piel de la anaconda, todo... Sin importar de qué se tratara [podíamos quitar cualquier mancha], sabíamos conectar e interpretar el telúrico deseo del oscuro destino natural.

Fue así como desarrollé esta técnica de la adivinación del futuro escuchando atentamente todo cuanto invade mi “campo”. Cuando el río suena, piedras trae. Así pues, mi método consiste primero en definir exactamente cómo están orientados los puntos cardinales con respecto a mi propio “campo”, puesto que cuando tengo el ojo apuntando al Sur, mi mejor oído, el derecho, da al Oeste y en tal caso podría sólo escuchar las voces del pasado. Todos sabemos que mañana, al amanecer, el Sol asomará la promesa y la novedad de cada día por el Este y que también así será dos días después y así infinitamente, ¿cierto?; entonces, allá está el futuro, así que lo que hago es simple pero requiere de cierta maestría: Ubico el punto exacto del horizonte por donde el Sol aparecerá muy temprano esa mañana, tomo con mis manos fuertemente un pajarito, cualquiera sirve, siempre que el golpe de su canto sea potente y claro -los loros están descartados, ya lo he intentado-, respiro profundo y le susurro al pajarito todo cuanto quiero conocer, espero a que el pajarito me mire a los ojos con cara de “entiendo”, porque si no entiende debo respirar profundo y susurrarle otra vez hasta que lance el gesto y en ese momento lo arrojo con todas mis fuerzas rumbo al Este antes de que aparezca el primer rayo de sol, porque lo importante es que el pajarito y el Sol se fundan en el horizonte al amanecer. Luego debo cerciorarme de que al arrojar al pajarito he arrancado una pluma de su cola, a este paso se le llama “reclamo” y sirve para garantizar que el pajarito volverá del futuro y me encontrará donde quiera que yo esté siempre que conserve su pluma protegida de la intemperie y rodeada por mi “campo”. Luego viene “la espera”, que no es sino el tiempo que tarda el pájaro en ir y venir del futuro, cosa que usualmente tarda al menos cuatro días, porque cuando uno lanza un pajarito al futuro, siempre es posible que se consiga con alguna pajarita perdida y uno tampoco puede ponerse a exigirle mucho al pobre animal que migra en el tiempo buscando las respuestas que le has encomendado. Luego viene el momento más importante: “el regreso”, que es cuando el pajarito vuelve con cara de “ahora sí es verdad que no entiendo nada”, aunque otra veces también puede volver con cara de “¿me puedes repetir la pregunta, por favor?”.

En cuanto el pajarito se posa en mi dedito para descansar le devuelvo su pluma con la condición de que “empiece a cantar”. Normalmente, al ver la pluma el pajarito siempre te verá a los ojos con cara de “¿Y yo para qué quiero eso?”. Esta prueba es importantísima para diagnosticar si el pajarito se ha vuelto loco en su viaje al futuro o si su recado es de fiar, sólo así podrás estar tranquilo por la fidelidad del mensaje. Nunca prestes demasiada atención ni consideres seriamente el mensaje si ves que el pajarito intenta recolocar la pluma en la cola como loco, porque eso significa justamente eso: que está como loco y además te costará descifrar las notas y acordes de su canto. También es seguro, en este caso, que haya una pajarita en el futuro suspirando por este loco que descansa en tu dedito con cara de “ahora sí es verdad que no entiendo nada”. De todos modos, lo mejor será siempre usar un pajarito distinto para cada pregunta, con hasta un máximo de 10, porque ése es el número de deditos que tenemos para que los pajaritos se posen para descansar si vuelven todos de golpe, aunque algunos pajaritos vuelven y otros no, todo depende de la pajarita.

Reverberaciones 2007

Curiosidades: Un pajarito me dijo que entre los días 16 y 18 de febrero de este año nevará tanto sobre Barcelona, España, que la nieve alcanzará los 15 cm a nivel del mar. Cosa insólita y nada frecuente en este lugar.

Que no cunda el pánico: Un conocido banco español, uno de los de mayor trayectoría, uno de los más sólidos, será intervenido por el Estado al evidenciarse su quiebra técnica. No puedo decir de qué banco se trata, pero sí que esto sucederá a mediados de junio de 2007 y se dará a conocer la segunda quincena de julio. Esto también me lo contó un pajarito.

Increíble, pero cierto: Un pajarito me cuenta que el campeón de la Liga de Fútbol Profesional de España para el año 2006/2007 será, oído al tambor: El Atlético de Madrid. Un pajarito me lo sopló. En general, los demás equipos que encabezan la lista tienden a empeorar su juego, por lo que otros que les escoltan aprovechan la ventaja.

Venezuela: ¡Golpe! [bajo]: A puño limpio y con un herido grave (se trata de una mujer), termina una sesión en la Asamblea Nacional de Venezuela. ¿El motivo?, ajuste de cuentas y despecho por finiquito de una sórdida relación entre dos parejas. También muere un conocido ex-funcionario a causa del cáncer (de próstata).

¿Que crees? ¿Oigo el futuro o soy un gran apostador?
¿Más países? ¿Más sucesos? ¿Más dudas? Hay más, pero hay que pagar.

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miércoles, enero 17, 2007

Detectar el atajo


Una cosa es poder leer y escribir, y otra, más difícil, saber cómo leer y saber cómo escribir. Con dirigir tu mirada a un texto y entender lo que se dice no es suficiente, pues cuando leemos debemos leer con todo nuestro ser dispuesto ahí, enfocando el mensaje, trátese de un poema o una ecuación, da igual. De hecho, la lectura representa un esfuerzo inicial para quienes no acostumbran leer, por lo que el ejercicio, la práctica y la periodicidad son las claves para convertir ese mismo esfuerzo en puro placer. Porque lo cierto es, cosa extraña, que disfrutamos haciendo frecuentemente las mismas cosas que hacemos voluntariamente. Este principio se aplica también con quienes suelen salir a correr 12 kilómetros cada mañana antes de ir a trabajar. Como no estoy acostumbrado a hacerlo me agoto sólo de planteármelo, aunque estoy consciente de las ventajas que me aportaría. Para correr, la teoría se entiende fácilmente: Imagina que una jauría de perros hambrientos e invadidos por la ira te persigue y el único refugio existente se encuentra 12 Km. más allá. Vale, eso lo entiendo. Pero para correr por correr hay que saber cómo hacerlo y sin duda alguna este conocimiento se adquiere a través del hábito de correr. Pasa así con la lectura, la escritura y un sin fin de actividades que nos distinguen de los animales, pues que yo sepa los animales sólo corren para cazar y no necesitan imaginar que una manada de hombres hambrientos e invadidos por la ira los persiguen.

Cuando corres, cuando lees, cuando escribes, cuando duermes, debes estar ahí, de lleno, entregado al acto. Si me preguntan si disfruto correr puedo jurar que responderé en esta vida y otras reencarnaciones pendientes que detesto hacerlo; porque creo que además hay que contar con cierta chispa vital innata que nos impulse a hacer determinadas cosas. No todos corren, ni todos leen o escriben, y ¿dormir?, hay quienes lo encuentran una pérdida de tiempo y otros que nacieron para hacerlo. Creo que para hacer ciertas cosas uno debe haber nacido para ellas. En realidad, lo confieso, no me gusta leer. Aunque he leído mucho y tengo algunas lecturas más por hacer, leer, sólo leer leer, así como quien dice “vamos a leer”, pues no me gusta, especialmente si se trata de novelas. Tengo algo con las novelas muy raro: no me enganchan ni por error. Sin embargo, he leído novelas como “El péndulo de Foucault”, de Umberto Eco, que me atrapan al punto de releerlas y “saborearlas” tres veces. Pero si hablamos de la célebre “Rayuela”, de Cortázar, la cosa cambia drásticamente: aunque admito que escribe muy bien no hay manera de que pueda terminar de leerla, lo he intentado demasiado y me he bloqueado con ella. No puedo, punto. Normalmente, si puedo elegir, prefiero leer un ensayo, un artículo, un poema o un cuento; en general, cosas que yo mismo preferiría también poder escribir. He hallado más ingenio en una hipótesis, unas veces también tanta belleza en su enunciado, que dudo que otros géneros tengan tantos momentos plausibles en tan corto espacio. Y es de esto, del espacio y la extensión de mis escritos de lo que quiero hablar hoy.

Como se ha notado hasta este momento, todo cuanto he dicho me ha servido para introducir una idea que lleva meses dando vueltas en mi cabeza: ahora que sé escribir y que tengo con qué extenderme -porque me agrada, por qué negarlo- debo aprender a escribir menos, no en frecuencia, sino en cantidad. Digamos que de ser corredor correría 24 kilómetros en lugar de 12, una mitad de ida y otra de vuelta con tal de reafirmar cada metro sudado. Saber escribir cuesta muchísimo, porque cuando estás ahí dispuesto con todo tu ser proyectándose en el espacio que pronto llenará esta sílaba que no estaba cuatro sílabas atrás, no es fácil saber cuándo parar ni mucho menos reconocer el atajo cuando éste se presenta. Desde donde estás ahora hasta el refugio más cercano hay muchos kilómetros o unos cuantos pasos, esto depende de si sólo sabes correr en espiral o en línea recta, y si lo que pretendes es agotar a la manada, entonces, invadido por la ira, ¿quién te leerá?

No pierdo nada intentándolo. Tr[o]taré.

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